martes, 10 de marzo de 2020

Última hora: El gabinete de #claudialópez al desnudo, por #aliciaeugeniasilva. ¿Cazatalentos?Nooooo!



domingo, 20 de octubre de 2019

Manipulación de las encuestas en Bogotá - El Tiempo 21 de octubre de 2019


Clic aquí para bajar el informe -Análisis Elecciones Alcaldía de Bogotá 2015 - 2019


Alicia Eugenia Silva

El 23 de febrero de este año el CNC publicó una encuesta  que registraba que mientras el 28% de los bogotanos se declaraban de izquierda, en el resto del país, solo el 20% se  reconocían como tal, lo que les dio pie a los periodistas de  Semana para un titular amañado y mentiroso, porque con estos datos, simplemente dijeron que Bogotá era de izquierda sin resaltar que el 47% de los habitantes de Bogotá y el 60% del resto del país, en esa misma encuesta, se reconocían como de derecha.

De la misma forma, cuando Miguel Uribe comenzó a ser reconocido por la ciudadanía, pasando del 3%, al 5%, al 12%, con el mayor crecimiento relativo de los cuatro candidatos, hasta llegar a estar empatado tecnicamente con Claudia López y Carlos Fernando Galán en la anterior  encuesta de Guarumo, los señores de Yanhass rapidamente sacaron otra encuesta para tratar de borrar del tarjetón a Miguel Uribe y RCN secundada por Semana y Caracol le sirvieron de caja de resonancia para hacer creer a ese 47% de los bogotanos de derecha que había que parar a Claudia López y que el único que podría hacerlo era Carlos Fernando Galán, que se había mantenido en los alrededores del  15%, cifra igual a los votos que obtuvo hace ocho años cuando su votacíon permitió que llegara Gustavo Petro a ser burgomaestre de la capital.

Cuando revisamos las cifras de las elecciones en Bogotá para alcaldía, plebiscito, congreso y presidenciales vemos comportamientos muy interesantes que vale la pena tener en cuenta cuando tratemos de analizar qué candidatos tienen más posibilidades de quedarse con la Alcaldía de Bogotá. En todas las elecciones que se han presentado, en la capital de la República, desde el 2015,  hasta las últimas elecciones presidenciales vemos que el centro izquierda representado por Carlos Fernando, Claudia y Hollman se han quedado con cerca del 60% del total de los votos mientras que el centro derecha recoge alrededor del 40% del electorado como sucedió con los resultados que registró Bogotá durante la última campaña presidencial. Algo parecido pasó con el plebiscito del 2016 donde el centro izquierda votó por el  Si y en Bogotá se quedó con el 56% de los votos mientras el centro derecha solo recogió el 44%. 

Lo interesante de esta campaña electoral es que los candidatos del centro izquierda son tres, mientras que el candidato de centro derecha es solo uno: Miguel Uribe Turbay. ¿Por qué afirmo esto? Por la sencilla razón de que los liberales del gobierno de Santos, quienes apoyaron a Rafael Pardo en el 2015 son los mismos que se reparten hoy los votos entre Claudia y Carlos Fernando y los señores del Polo tienen el corazón partido entre Morris y López, mientras que los electores de centro derecha, son algunos liberales, conservadores, cristianos y ciudadanos afectos al centro democrático que ven en Miguel Uribe al único que los representa. 

Cuando comenzó a crecer el reconocimiento de que Uribe Turbay era quien mejor conocía la ciudad y que además sería el único que concluiría en el menor tiempo posible las 2500 obras que dejará contratadas Enrique Peñalosa , con metro elevado incluido, por un valor superior a los 45 billones de pesos, entraron en pánico los medios de comunicación y las grandes encuestadoras porque  los políticos afectos al centro izquierda quieren volver a barajar y echar atrás contratos ya cerrados sin importarles el costo que esto tenga para la ciudad.

Es además claro que no hay ningún candidato independiente de los partidos politicos y los copartidarios de la Alianza Verde, el Polo, los de la Colombia de Petro, los viejos y los nuevos galanistas de Cambio Radical desearían todos ellos enredar la contratación billonaria que deja Enrique Peñalosa para volver a barajar y así sacar tajada de la contratación distrital en lugar de acelerar la ejecución.

Además, Miguel Uribe tampoco tendría que entrar a negociar mayorías en el Concejo de la ciudad por cuanto es el único que ha dialogado abiertamente con los partidos políticos de frente a la ciudadanía, así haya recogido más de 400.000 firmas de ciudadanos independientes que también apoyaron su candidatura. Cualquiera de los otros candidatos tendrían que desgastarse buscando mayorías precarias en la corporación y retrasando lo que consideran no tan “bueno” de lo que deja la administración saliente, como lo han dicho Claudia y Carlos Fernando en reiteradas oportunidades para no hablar de las múltiples demandas y trabas judiciales que se han encargado de armar  Hollman y sus amigos.
 

No nos dejemos engañar, Miguel Uribe es el único candidato que; no nos ha mentido a lo largo de esta contienda; no está en componendas con el centro izquierda; logrará aglutinar la mayoría  de los políticos bogotanos y asegurar así una buena gobernabilidad con el Concejo de la ciudad; concluirá; en el menor tiempo posible, las obras  que dejó contratadas el gobierno de Enrique Peñalosa y finalmente, es el único de los candidatos que tiene como propósito desarrollar  una relación armónica con el gobierno nacional que beneficiará ampliamente a la ciudad y a la nación porque hace décadas que eso no se da. 

jueves, 22 de octubre de 2015

Únicos mockusistas de “pura sepa” son los hijos de él: Alicia Silva, ex secretaria de gobierno de Bogotá




Clic aquí para escuchar entrevista

martes, 18 de febrero de 2014

Entrevista Pacho Santos - Revocatoria Petro

Bogotá sin gracia y sin norte

Alicia Eugenia Silva Nigrinis 
Febrero 11, 2013 

Después de casi una década de buen gobierno en Bogotá, la ciudad que alguna vez fue coqueta, ahora está sometida desde 2004 a las ineficiencias del clientelismo y del populismo. 

Entre 1995 y 2003 mejoró, por ejemplo, la calidad técnica de los funcionarios distritales y de la policía metropolitana. Se avanzó también en convivencia, respeto a la vida y cultura ciudadana. Además, la administración local hizo grandes inversiones en educación, salud e infraestructura, especialmente en los sectores más pobres de la ciudad. Aumentó el recaudo de impuestos y muchos contribuyentes aportaron voluntariamente un diez por ciento adicional para que la ciudad desarrollara proyectos de interés social. Fue tal la transformación de la ciudad que Bogotá se convirtió en un ejemplo nacional e internacional y todavía hoy los ex-alcaldes Mockus y Peñalosa se dedican a contarle al país y al mundo cómo lograron el milagro bogotano, así ya sea casi imperceptible debido a las malas administraciones que los sucedieron. 

A partir del año 2004, cuando el señor Luis Eduardo Garzón llegó a manejar la ciudad, comenzó a deteriorarse la capacidad técnica del distrito. Aunque incrementó la inversión en alimentación, esto ocurrió sin focalización, y se disparó el gasto en publicidad y en nóminas paralelas que se utilizan para mantener contentos a los concejales. Las hoy llamadas “ordenes de trabajo” aumentan artificialmente la inversión social y explican la permanencia de los miembros del antiguo Polo Democrático en el Palacio Liévano. 

El gobierno de Samuel Moreno y Clara Eugenia López Obregón terminó envuelto en tales escándalos de corrupción que Gustavo Petro, para llegar al poder, tuvo que formar su propio movimiento Progresistas para deslindarse de sus antiguos copartidarios. Adicionalmente, Petro se benefició de la división de los votos entre Peñalosa y tres jóvenes políticos locales. Mockus se apartó de Peñalosa y se alió con Gina Parody, el partido Liberal mantuvo en la contienda electoral a David Luna, pupilo predilecto de Peñalosa y Cambio Radical sostuvo hasta el final la candidatura inviable de Carlos Fernando Galán con el propósito de evitar la influencia del ex-presidente Uribe en una futura administración de Enrique Peñalosa en Bogotá. 

Desde el 1 de enero del 2012 Gustavo Petro dirige los destinos de la ciudad con un discurso de confrontación permanente y con propuestas de políticas públicas que no ha podido implementar por su incapacidad para armar equipos estables de trabajo y por la desconfianza que lo caracteriza. Esto ha resultado en la imposibilidad de administrar con eficiencia y eficacia una ciudad de ocho millones de habitantes. 

Las propuestas de Petro de densificación del centro de la ciudad, de mejor manejo de los servicios públicos y de implementación de un sistema de transporte más amable y ecológico por la carrera séptima son propuestas razonables. Sin embargo, la densificación del centro no ha comenzado, el tren ligero no es viable en el corto plazo y la recolección de basuras por parte del distrito mostró, la sorprendente incompetencia y falta de planeación del actual gerente del acueducto. 

Según el diario El Espectador, los principales asesores del gerente en materia de aseo son los señores Darío Beltrán y Oscar Salazar quienes se benefician de millonarios contratos del acueducto para el rediseño y recolección de basuras. Beltrán, antiguo militante del M19, fue empleado del señor Alberto Ríos y Salazar fue socio del señor William Vélez. Así, todo el desorden y las agrias confrontaciones del alcalde con los empresarios del sucio negocio de las basuras solo sirvieron para dejar a los bogotanos en manos de un ex-empleado y un ex-socio de las mismas personas que denunciaba el señor alcalde. A pesar de la improvisada solución de Petro, los mismos personajes que han controlado el servicio de aseo en la ciudad, desde que éste se privatizó a comienzos de los años noventa por ineficiencias de la EDIS capitalina, seguirán haciéndolo. 

A nombre de los pobres, estimulando un resentimiento social que no conocía la Bogotá de comienzos de siglo, con el respaldo de unas finanzas públicas sólidas y sin haber desmontado las nóminas paralelas, alimento principal del clientelismo, la ciudad esta sometida a un nuevo populismo mucho más voraz que el clientelismo tradicional bogotano pues los viejos clientelistas y los más recientes populistas explotan sus mayorías en el Concejo capitalino y son sus grandes beneficiarios. 

El clientelismo de antaño y el populismo de ahora hacen daño por las ineficiencias que generan en la asignación de recursos. Los subsidios y las nóminas paralelas de Bogotá dependen de los impuestos de los contribuyentes bogotanos. Así como la corrupción - cuando se sale de sus “justas proporciones” como decía cínicamente el ex presidente Turbay- revienta el sistema y daña el negocio hasta para los mismos corruptos, como pasó en Bogotá con la pasada administración del Polo; el populismo que todo lo regala y no produce nada es insostenible. Pero mientras tanto, la ciudad y los ciudadanos pierden competitividad, confianza, negocios, calidad de vida y finalmente impuestos que son la fuente de los ingresos del distrito.

Nadie advirtió sobre los descalabros que se venían gestando en la ciudad capital desde el 2004 y ya nadie le recuerda al señor Garzón la entrega de contratos a los señores Nule ni las nóminas paralelas que el estimuló pues todo se lo atribuyen a Moreno Rojas. La aceptación del gobierno de Garzón y la relativa buena imagen de la señora López Obregón, se explican fundamentalmente por los millones de pesos que se gastaron uno y otra en publicidad. El alcalde Petro se siente, acaso justificadamente, atacado por la prensa capitalina: sin lugar a dudas la corrupción rampante que encontró, paralizó durante meses la administración distrital pero el deterioro de la calidad de vida de la ciudad, otrora modelo para el país, es evidente y tiene su origen en las administraciones del Polo. 

La corrupción no se combate con discursos facilistas para enfrentar a ricos y pobres y mucho menos entregando los negocios del distrito a amigos y a empresarios sancionados por malas prácticas sino con transparencia y eficiencia en la asignación trasparente de los recursos públicos. El clientelismo y el populismo rampante son la causa principal del deterioro que ha sufrido Bogotá en la última década. 

Si el alcalde fuera mas confiado, menos autoritario, buscara a los mejores técnicos del país y fuera capaz de cortar las nóminas paralelas, Bogotá podría volver a despertar y quizás incluso recuperar algunas de las virtudes que la convirtieron durante una década en modelo de administración pública.

jueves, 16 de enero de 2014

Contacto

Nombre:
Direccion E-mail:
como llegaste hasta esta pagina?
Tus comentatios:

Campaña "Repensar a Bogotá"

 Repensar a Bogotá

Balance




En Bogotá se demostró que es posible orientar la acción de gobierno hacia intereses colectivos sin transar con el clientelismo y la corrupción, y elevando a la categoría de bienes morales la honesta inversión de los recursos públicos y la protección de la vida de todos los seres humanos. Estos fueron logros alcanzados de forma transitoria, pero su consolidación está seriamente amenazada por el clientelismo de las Alcaldías del Polo y la ausencia de liderazgo de sus Alcaldes en materia de seguridad ciudadana y protección a la vida. (p. 175)

Samuel Moreno


La Administración de Luis Eduardo Garzón marcó el comienzo de algunos de los retrocesos que ha estado atravesando la ciudad durante los últimos años. Se destaca, en particular, la falta de liderazgo en movilidad urbana, seguridad ciudadana y transparencia política. (p. 168)

Los principales problemas que enfrenta hoy la Administración de Samuel Moreno se incubaron durante los 4 años de la de Garzón. (p. 169)

Pero Samuel no sólo heredó de Lucho una máquina de reproducción política en la Alcaldía. La baja popularidad de su primer año de mandato se explica, en buena parte, por problemas de la Administración Garzón que se demoraron en manifestarse plenamente. (p. 173)

El regreso del clientelismo

… no sólo Peñalosa, sino también algunos miembros de la segunda Administración Mockus y de la de Garzón hicieron uso del intercambio de favores; además, los medios de comunicación y, al parecer, la ciudadanía en general tuvieron una actitud complaciente y permisiva respecto a esas prácticas. (p. 171)


Durante el gobierno de Garzón se observó un resurgimiento de relaciones clientelistas entre la Administración y el Concejo. Los clientelistas de antaño fueron reemplazados por otros aprendices de lo mismo, que continuaron con esas prácticas. A comienzos del cuatrienio, el concejal del Polo Carlos Vicente de Roux denunció que el Alcalde Garzón toleraba esas prácticas y que su Secretario Privado las promovía. (p. 165)

Lucho Garzón


En seguridad, Garzón ofreció continuar con el enfoque que Mockus había utilizado, aunque no lo cumplió. Nunca profundizó en una pedagogía de la seguridad ciudadana, sino que prefirió dejarla en manos del Gobierno Nacional, e invirtió grandes sumas en dotación e instalaciones de la Policía Metropolitana de Bogotá. (p. 146)

Garzón mostró muy poco liderazgo en los temas de seguridad durante su mandato. Según se decía, el General del a Policía Metropolitana de Bogotá se comunicaba más con el Palacio de Nariño que con el Palacio Liévano. (p. 152)




Garzón tenía excelentes relaciones con los medios de comunicación, y sus colaboradores eran generosos con el presupuesto a la hora de difundir los programas distritales. (p. 149)





En el gobierno de Garzón, mientras los ingresos corrientes de la Administración Central aumentaron en aproximadamente un 15%, sus gastos de funcionamiento crecieron un 35%... (167)

Bogotá en manos de las mujeres



Durante el período 2001-2003, el 70% del gabinete distrital estaba compuesto por mujeres colombianas profesionales lideradas por un Alcalde acostumbrado a interactuar con mujeres fuertes. El destino de la ciudad de Bogotá se puso en manos de mujeres que representaban ese gran cambio que se dio en el siglo XX en la educación en Colombia. (p. 123)

Mockus 2001-2003



Si bien durante este segundo período de Mockus no se presentaron tantas innovaciones como en el primero, aprobar y respaldar los logros de un gobernante anterior fue un hecho sin precedentes en la política colombiana. Construir sobre lo construido como eslogan de campaña y de gobierno significaba para Mockus continuar haciendo lo que se venía haciendo bien, pero igualmente quería decir hacer sostenibles los grandes proyectos de infraestructura desarrollados durante el gobierno de Peñalosa. (p. 118)

Peñalosa



Ante la presión de los concejales y la dificultad que ellos implicó en la “gobernabilidad” del Distrito, Peñalosa accedió a nombrar a personas de las clientelas de los concejales en puestos de bajo rango de la burocracia distrital. A este respecto, Peñalosa aceptó haber nombrado a algunos “recomendados” de bajo nivel, así como tener en cuenta como criterio para la selección de la terna de candidatos para las Alcaldías locales la relación entre éstos y algunos concejales. (p. 112)