El principal
encargado del programa de Cultura Ciudadana entre 1995 y 1997, Paul Bromberg,
ha descrito lo que ocurrió durante esos años como el resultado del trabajo
conjunto de un “profeta” (Mockus), encargado de difundir “mensajes” y
“convertir” a los ciudadanos, y de “ingenieros” (el equipo del Instituto
Distrital de Cultural y Turismo), ocupados en diseñar mecanismos e intervenir
contextos concretos para incentivar un mayor cumplimiento de normas. (p. 47)
jueves, 16 de enero de 2014
Jaime Castro: ¿El Salvador de las finanzas de Bogotá?
… no deja de
resultar irónico que Jaime Castro, quien con el tiempo sería visto como el
salvador de las finanzas de Bogotá, se opuso en su momento a los aspectos
tributarios del proyecto. La verdad es que la reforma tributaria
contenida en el estatuto—reforma que… es la base fundamental para el
fortalecimiento de las finanzas de la ciudad—fue prácticamente impuesta por el
Gobierno Nacional debido a su preocupación por el impacto que un colapso
financiero del Distrito podría tener en las finanzas de la Nación. (p. 40)
Bogotá: el regreso del pesimismo
Durante los
últimos dos o tres años, los artículos de prensa sobre Bogotá, las notas de
radio y televisión, y las conversaciones sobre el estado de la ciudad,
recuerdan el pesimismo que reinaba en la capital hace más o menos veinte años.
Lo que se había ganado en sentido de pertenencia, optimismo y confianza en los
mandatarios locales durante las administraciones de Peñalosa y Mockus, se
perdió dramáticamente en el transcurso de unos pocos años. A continuación
presentamos algunos pasajes sobre el pesimismo bogotano de finales de los
ochenta y comienzos de los noventa que, de manera inquietante, parecen hacer
referencia a nuestro presente:
Bogotá llegó,
durante los años ochenta y comienzos de los noventa del siglo pasado, a los
niveles más bajos de confianza en su posibilidad de superar sus crecientes
niveles de deterioro e inseguridad. Como una profecía autocumplida, el
pesimismo produjo el efecto de multiplicar por imitación, como una reacción en
cadena, comportamientos antisociales, en una dinámica perversa en la cual cada
persona encontraba ventajoso violar las normas para conseguir objetivos
individuales, mientras la sociedad se hundía en una trampa de deshonestidad e
insolidaridad. (p. 18)
“El deterioro de
Bogotá es progresivo y aparentemente inmodificable”. Esta afirmación, hecha en
la década de los años noventa, muestra la percepción que existía sobre Bogotá
en tiempos pasados. Era común oír a sus habitantes describir a Bogotá como un
lugar caótico e ingobernable, en el que se hacía cada vez más difícil vivir.
(p. 18)
Algunas de las
percepciones ciudadanas de esa época fueron la falta de sentido de pertenencia,
el desarraigo de la mayoría de la población, y su corolario natural: la
ausencia de civismo y solidaridad. (p. 19)
Para finales del
siglo XX la politiquería era vista como un fenómeno ampliamente difundido y
como una de las principales causas del estancamiento de la ciudad: “la
corrupción ha llegado a niveles insospechados, hasta el punto que los fortines
políticos de las secretarías se han convertido en botines saqueados
permanentemente”. (Saldarriaga, A., Rivadeneira, R., y Jaramillo, S. Bogotá a través de las imágenes y las palabras. Bogotá: Tercer Mundo Editores y Observatorio de
Cultura Urbana, 1998, p. 205). (p. 27)
“El colapso de
Bogotá” de comienzos de los años noventa estaba materializado, de manera más
clara y palpable, en la destrucción del espacio público de la ciudad. (p. 27)
A comienzos de
los años noventa, la manifestación más cotidiana y visible del pesimismo y
abandono en que vivía Bogotá era justamente el irrespeto por las normas, la
agresividad y el desorden que se habían tomado las calles de la ciudad. (p. 32)
La autora
Alicia Eugenia Silva
Entre 1974 y 1986 laboré en el sector universitario y de investigaciones académicas en Colombia. Desde 1987 he sido gestora de proyectos culturales y a partir de 1995 fuí una funcionaria pública muy visible en la capital del país.
Entre 1995 y 1997 tuve la responsabilidad civil de la seguridad de Bogotá. De 2001 al 2003 fuí jefe de gabinete (Chief of staff) de la Alcaldía Mayor de Bogotá.
Actualmente sigo promoviendo proyectos culturales y posicionando temas de gran importancia en la política colombiana como son: la cultura de la legalidad y la defensa de la vida de todos mis compatriotas.
miércoles, 7 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Bogotá no es Pasto pero podemos terminar pareciéndonos
La últimas semanas han sido movidas en el Concejo de Bogotá. El domingo 29 de enero salió el secretario de la política a hablar de coaliciones y a ofrecer participación en el Gobierno Distrital. Al día siguiente, otro nariñense, Santiago Montenegro, escribió sobre el desastroso estado de las vías del Departamento de donde venía de ser gobernador el señor Antonio Navarro Wolf y presentó un panorama desolador de la ciudad de Pasto, de la percepción de corrupción rampante y de la presencia de los grupos armados ilegales en la región.
La propuesta de coaliciones a nivel distrital no cuajó y no pasó nada porque el Secretario de Gobierno le dijo a los medios de comunicación que estaba poniendo sobre la mesa las cartas pero nunca le explicó a la ciudadanía que lo que se estaba barajando por encima de la mesa nunca podría ser ni cercano a lo que han acumulado los concejales en los últimos 8 años del clientelismo mas rampante que haya conocido Bogotá. La Silla Vacía calcula que cada concejal, de los antiguos, tiene de 600 a 1000 clientes trabajando para el Distrito sin contar la clientela que el Polo acumuló como cuota burocrática propia del partido de gobierno y que contribuyó a la elección de Gustavo Petro.
El secretario tampoco midió el alcance de su propuesta de participación de los concejales. Ella es ética, política e incluso jurídicamente cuestionable. El estatuto Orgánico de Bogotá se redactó con el espíritu de sacar a los concejales de la co-administración de la ciudad y Navarro al ofrecer tan burdamente parcelas en el Distrito está violando el espíritu de la ley y echando por la borda la posibilidad de llegar por méritos a administrar la ciudad.
Justificar su propuesta por lo que hace Rafael Pardo en el Ministerio de Trabajo, no tiene presentación. Tratar de convencernos que lo que el les estaba proponiendo a los concejales es lo que se hace en el resto del mundo es desconocer las diferencias entre regímenes presidencialistas y regímenes parlamentarios que operan en algunas democracias. Es confundir clientelismo con gobiernos de coaliciones, que se forman antes de las elecciones; es desconocer las propuestas con las que fueron elegidos y fue lo que hizo el secretario de gobierno de Bogotá. Terminó molestando a los grandes “cacaos” clientelistas de la política local que no se conformaron con el pasto que vino a darles el gobernador de Nariño. Ellos iban por todo y el alcalde, que sabe como funcionan las corporaciones públicas en Colombia, no ha debido permitir que Navarro Wolf, por considerarse con mayor “experiencia”, hubiera tenido esa salida en falso y de paso hubiera borrado a su bancada durante el primer mes de gobierno. Además, Bogotá ya demostró que los mayores avances de la ciudad se produjeron, a finales del siglo pasado, sin comprar concejales y sin mayorías en la corporación.
El Concejo de Bogotá, eligió mesas directivas a su antojo y el exgobernador de Nariño se quedó con el pecado y sin el género de la repartición. Al alcalde tuvo que salir a trinar y en la noche siguiente descansó al recibir los resultados de la primera encuesta del año. Antes, medios de comunicación y encuestadores esperaban 100 días para hacer las mediciones. Pero ahora ávidos de pauta y de clientes unos y otros se alían y salen a medir lo inmedible a un mes de iniciada una gestión de gobierno. Por favor sean serios.
Aunque no estoy segura que les importe, algunos concejales y la bancada de gobierno puede mandar un mensaje que defienda la independencia de los organismos de control con una elección por méritos. Así se dejarían atrás los últimos años de deterioro de Bogotá. Esto evitaría repetir lo que se hizo durante la administración de Luis Eduardo Garzón cuando su tesorero de campaña presidencial pasó a ser Contralor de la ciudad. También olvidaríamos lo que hizo el Concejo de la ciudad cuando nombró de Personero a Francisco Rojas Birry para que controlara la segunda administración del Polo en Bogotá. Los resultados están a la vista y aunque la malla vial de Bogotá se puede parecer hoy más a las vías de Nariño sinceramente creo que se podría hacer algo mejor.
Alicia Eugenia Silva
Febrero 2012
jueves, 4 de agosto de 2011
Invitación simposios sobre lo urbano
El Fondo de Promoción de la Cultura y el programa Gestión y Desarrollo Urbanos de la Universidad del Rosario tienen el placer de invitarlo a tres conversatorios sobre asuntos urbanos de particular interés en este año electoral. El punto de partida para los conversatorios será el libro “Bogotá, de la construcción al deterioro 1995 – 2007” cuya autora principal es Alicia Eugenia Silva. El libro, publicado por la Universidad del Rosario, analiza diversos aspectos de la vida urbana de Bogotá en las administraciones Mockus, Peñalosa y Garzón. Para obtener más información sobre el libro, consulte la página http://bogotaconstruccionaldeterioro.blogspot.com/.
Los conversatorios serán los miércoles 10, 24 y 31 de agosto de 2011, de 10:00 AM a 12:00 PM en la Universidad del Rosario - calle 14 No 6-25.
Fecha – Hora
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Salón
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Tema
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Conferencistas
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10 agosto – 10:00 a 12:00
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601 Torre 2
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Cultura política
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Alicia Eugenia Silva, Juan Carlos Flórez y Raúl Velásquez
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24 agosto – 10:00 a 12:00
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1001 Torre 2
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Movilidad y desarrollo urbano
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Jorge Acevedo, Carmenza Saldías y María Eugenia Avendaño
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31 agosto – 10:00 a 12:00
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1001 Torre 2
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Seguridad y cultura ciudadana
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Henry Murrain, María Victoria Llorente y Juan Carlos Ruiz
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Les agradecemos confirmar su asistencia a fpcdireccion@etb.net.co o a los teléfonos 243 1690 o 243 3619.
Un cordial saludo,
Fondo de Promoción de la Cultura
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